La Reina premia a Bardem y a Adrià en Nueva York
30/11/2011

Un año más Nueva York fue por un día una ciudad española con motivo de la entrega de las medallas de oro que el Queen Sofía Spanish Institute otorga a personalidades que promueven la cultura del mundo de habla española en EE UU. La reina presidió anoche un acto lleno de glamour en el que se reconoció la labor del cocinero Ferran Adriá, el actor Javier Bardem, el fotógrafo Mario Testino y el banquero Kenneth Chenault. Una cena de gala en la que las damas lucieron traje largo y los caballeros esmoquín, todos menos Javier Bardem que se saltó el protocolo al presentarse con un traje oscuro y descamisado.
El periodista Charlie Rose presentó a Javier Bardem, que acudió a la gala saltándose la etiqueta requerida, vestido informalmente y sin corbata, al tiempo que aprovechó su discurso para recordar su oposición a la monarquía. Bardem señaló, no obstante, que aceptaba el galardón como respeto al compromiso de la institución con la cultura española. Y se declaró "orgulloso" de pertenecer a un país "lleno de sabores, colores y paisajes diferentes". Pero sobre todo por su gente, "que pide ahora un país mejor".
El actor compartió mesa durante la cena de gala con Anna Wintour.
El cardiólogo Valentín Fuster introdujo la primera medalla, que recibió el maestro de la cocina molecular. Clinton le preguntó antes si era verdad que elBulli era el mejor restaurante del mundo. "Sí, pero está cerrado", le contestó el afamado cocinero. Adriá aseguró que el galardón es un reconocimiento a toda la cocina española, de referencia en el mundo.
Doña Sofía en su discurso habló de que Nueva York refleja la "fuerza y la riqueza" de los "firmes lazos" que unen España y EE UU. Lazos que puso de evidencia el expresidente estadounidense Bill Clinton, en su cálida introducción de la ceremonia. Un discurso construido sobre la idea de la "identidad positiva", como vehículo de un país para preservar su cultura.
"Se debe tener una identidad diferente, sin que sea divisiva", reiteró el demócrata, señalando que cada país necesita mantener su cultura, su música, su literatura, su gastronomía "para saber dónde está". Pero dejó claro que eso debe hacerse "sin necesidad de tumbar al otro". De hecho, para Clinton la cuestión de la identidad puede ser estos días "un orgullo y un demonio".
Fuente: ElPais