El coraje de María. Entrevista a la bailarina argentina María Fux
04/04/2011

La puerta de una casa antigua situada en el pintoresco barrio de Congreso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se abrió lentamente y detrás una mujer de ojos muy brillantes y grandes nos esperaba. María Fux. Tan suave, consciente y etérea como toda su vasta trayectoria en el mundo de la danza y como danza terapeuta. Frente a nosotros una vida de coraje retratada en cada fotografía visible colgada en las paredes del largo pasillo de su estudio cubierto de historias y enseñanzas. Una mujer con sabiduría, una mujer de lucha y amor. Una artista que sigue trabajando día tras día para que otros se reconozcan a través del propio cuerpo, en la alegría de aceptarlo y la intención de expresarse. Su huella está trazada en las escuelas de formación, en cada uno de los niños, jóvenes y adultos, seres luminosos que buscan engrandecer el espíritu en el encuentro constante de la danza y la terapia corporal.
Citando sus palabras tangibles compartimos un breve lapso de la emotiva entrevista: “No danzamos para gustar, sino para ser nosotros mismos, para poder crear, expresarnos y entregar a los demás, desde el principio y para siempre”. Karina Mariposa Roldán
Juan Pomponio: Usted dice que un artista logra cambios a través del movimiento y de la potencialidad que todos tienen ¿El movimiento comienza de afuera hacia adentro? ¿Cómo lo maneja usted?
María Fux: Yo no manejo nada, estimulo a la gente a que se exprese a través de lo que es, con dificultades, tratando de decirle al cuerpo que sí se puede. El movimiento lo hago de afuera hacia adentro y de adentro hacia fuera. Depende de los estímulos que tenga; a veces la palabra, a veces la música, el color, la forma.
J-P: ¿Cuándo se dio cuenta y tomó conciencia por primera vez de que su vida seguiría el camino de la danza?
M. F: Si me acuerdo debe ser en el vientre de mi madre. Apenas pude caminar ya quería danzar. Sabía desde siempre que lo que quería hacer y era amar el movimiento. Me ayudó muchísimo a tener una dirección en la vida.
J-P: Al ver como usted dice que “la danza se deshace en el aire una vez finalizada” ¿La sensación del vacío la llevó a buscar el camino de la danza terapia y a escribir libros para dejar un legado más tangible que la belleza efímera de la danza?
M. F: Las cosas van llegando a través de etapas. Una vez que danza, no es como la gente que escribe o los que hacen cuadros con la pintura o los que escriben música. La danza es movimiento. La danza una vez hecha desaparece. Me he dado cuenta que lo que yo realizaba en el escenario y lo que entregaba en las clases cambiaba mucho a la gente, le daba posibilidades de crecer y yo sigo creciendo con ellas a través del movimiento.
J-P: ¿Cómo hace para llegar a personas que no pueden escucharla a usted ni sentir la música?
M. F: Aprendiendo otro tipo de lenguaje. Algo tienen en común el cuerpo y el silencio, es que no pueden mentir. Yo puedo ser sorda pero puedo ver, entonces a través de las imágenes puedo darme cuenta -por ejemplo- que esas cortinas tienen líneas verticales y si tienen líneas verticales y las ventanas también tienen líneas de horizonte ya me están dando una manera de comunicarme con el cuerpo. Todo produce estímulo a la gente que no escucha porque cuando se pierde un sentido las posibilidades de observar aumentan. Yo trato justamente de que los ritmos que no se escuchan puedan danzarse desde el cuerpo. Los resultados son maravillosos. La capacidad la alegría que se da, la comunicación no sólo en forma individual sino entregándole a la gente lo que hacen. Los grupos son muy diferentes con diversas posibilidades de danza. No se aprenden pasos. Y no es trabajo, es mi vocación. Es un acto de amor y de placer.
Para leer la entrevista completa que nuestro colaborador Juan Pomponio le realizó a María Fux entra en
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Imagen tomada de
http://www.mariafux.it/