El ensombrecido espíritu colombiano de José Asunción Silva
24/11/2010

POR CAMILO GARCÍA (ESTOCOLMO) para El Portalvoz
Como lo señaló Rafael Maya, en su discurso conmemorativo de los cincuenta años de la muerte de Silva en el teatro Colón de Bogotá, el núcleo de su poesía está dado por la visión que tiene del tiempo, o más propiamente, del paso y el transcurrir del tiempo que abre el camino de la muerte. Su poesía está fundada en la dolorosa constatación de que los significados más altos y profundos de la vida humana, como son el sentimiento y la vivencia del amor, carecen de duración eterna; son vivencias, que a pesar de nuestro intenso deseo de preservarlas para siempre, están destinadas inexorablemente a desaparecer empujadas por la presencia de la muerte de los seres humanos que el tiempo trae consigo. Ni siquiera la memoria que las evoca y las hace resurgir nos sirve para preservarlas en nuestra alma porque su presencia nos trae también la imagen de la pérdida de ese ser amado que nos provoca una inmensa tristeza. Como lo dice en su poema Luz de luna, en el que se relata el episodio de una joven que regresa después de un tiempo al escenario en donde vivió su mayor experiencia de amor con un joven ya desaparecido, “son amorosos recuerdos, tristezas lejanas, cariñosas memorias que vibran, como sones de arpa, tristezas profundas del amor, que en sollozos estallan...”
Por eso, en vez de los recuerdos son los objetos o lugares físicos los que por su dureza y consistencia material pueden resistir esa carga destructiva del tiempo; al conservarse, en general, más allá de la vida de los individuos o de generaciones enteras, pueden permitir el fluir de esas vivencias del pasado hacia el presente. Pero no porque estos objetos cumplan el papel de signos que guarden o revelen el sentido que surge de cada una de esas vivencias sino porque son sus testigos privilegiados e irremplazables. Testigos, sin embargo, mudos y silenciosos que no nos pueden decir absolutamente nada de esas vivencias que nos evocan como ocurre con la vieja, casi inmortal, ventana del poema que lleva ese mismo nombre. Ella conserva grabada en su memoria “muerta y cristalizada” la imagen del relato que hizo hace muchos años una abuela a su nieto de aventuras fantásticas o de la serenata que cantó en una noche colonial un enamorado a su novia.
PARA SEGUIR LEYENDO:
http://www.elportalvoz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=3157:apunte-sobre-la-poesia-de-jose-asuncion-silva&catid=4:los-nuestros&Itemid=101