… Industriales no cree en Naranjas
31/03/2010

Esta final Industriales vs Villa Clara es un excelente regalo para la afición cubana y para los seguidores que en el mundo han podido disfrutar los desafíos de los últimos días.
Dos equipos muy bien preparados, con inteligencia y valor, que llegan hasta las últimas posibilidades del juego, el séptimo, donde uno de los dos tiene que ganar, pero bien pudieran hacer tablas.
Los villaclareños comenzaron con una euforia que parecía imparable, y como los azules no respetan los errores, arremetieron contra ellos, para tomar la delantera desde mediados del juego y hasta el final: 8 x 5. Un número que me hubiera gustado más pequeño, pero al final tuvo su encanto.
Aprovechar cada desatino o cada oportunidad, adelantar las bases, robarlas, hacer jugadas de corrido y bateo, reír en su turno al bate, eso que saben hacer muy bien los dos equipos, son parte de la pasión que le imprimieron también al sexto desafío.
Industriales se burló del Sandino repleto de aficionados, de las calles que aclamaban a su equipo, de los parciales que en cada esquina se proyectaban a favor de la victoria de los Naranjas en el sexto juego y hasta de los más osados jugadores.
Industriales demostró una vez más que sabe venir de abajo, conquistar terreno y ganar.
Lástima que sean juegos tan demorados, que sea en noches que esperan el amanecer para que los fans volvamos al trabajo, y que siempre tengamos que hacer “el sacrificio” de acostarnos demasiado tarde. Estaba pensando que para la próxima Serie, los juegos podrían empezar una hora antes y así ayudamos a los trabajadores, a los estudiantes, y hasta a los propios jugadores.
Son gajes del oficio. De un lado los jugadores, del otro nosotros: los aficionados. Solo que vale la pena el esfuerzo. Es una fiesta que se está acabando por esta temporada.
La noche de mañana está a una vuelta del Sol. El Sandino estará repleto. En toda Cuba los televisores encendidos. El café sobre la mesa y hasta una botella de ron, para hacer el brindis. Un brindis por el mejor, por el equipo que más suerte tenga, por el que mejor juegue. Porque al final, tiene que haber un ganador.